El cuento que me expliqué anoche, cuando no podía dormir:
Era un perro y se llamaba Caín.
Tenía dos voces.
Sus orejas eran manos con las que atrapaba arañas.
Que luego convertía en pelo.
Que luego convertía en polvo.
Que nevaba sobre él.
Una noche dejó de ser perro para ser paisaje.
Con tres parques escondidos.
Uno, el de las estatuas tristes.
Otro, el de la basura.
Y el tercero, donde iban los amantes esqueleto a bucar su carne perdida.