14.5.13

MIS CUENTOS NO TIENEN FINAL

El cuento que me expliqué anoche, cuando no podía dormir:


Era un perro y se llamaba Caín.
Tenía dos voces.
Sus orejas eran manos con las que atrapaba arañas.
Que luego convertía en pelo.
Que luego convertía en polvo.
Que nevaba sobre él.
Una noche dejó de ser perro para ser paisaje.
Con tres parques escondidos.
Uno, el de las estatuas tristes.
Otro, el de la basura.
Y el tercero, donde iban los amantes esqueleto a bucar su carne perdida.

3 comments:

Felipe Namuel said...

Vaya cuentos más interesantes (qué adjetivo más pobre el que elijo) se cuenta para (no) dormir, señorita. Convertirse en tres paisajes no sería mal destino. Siempre que sean paisajes de cuentos extraños.

OhNoHateCraft said...

¿No le hubiese sido mas fácil al pobre Caín zambullir sus arácnidos sentidos en la noche más perruna en vez de montarse este parque de atracciones vouyerístico sólo apto para fetichistas de P. Brueghel?
Pero claro, aquí ya estaríamos hablando del ser, su levedad y demás falsas 'second opportunities' de las cuales, como bien sabes mi querida amiga licántropa, 'l'imagination', en un estado siempre primitivo, deberá prescindir.Y que así siga siendo.

Zoe Berriatúa said...

Esto es estupendo. ESTUPENDO y echo en falta más.

¿La carne perdida se la come el perro?